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“La vida se pasa tan rápido…”


Esfinge, explanada de Giza, Egipto.

Conversando con un amigo, me dijo: “La vida se pasa tan rápido. Uno no se da ni cuenta cómo se pasan los años. Parece que mientras más viejo, más rápido pasa el tiempo”.

Lo dicho me dejó reflexionando. En mi experiencia también parece que el tiempo va aumentando su velocidad a medida que pasan los años. Llevado a una representación gráfica la percepción de la velocidad del tiempo sería una curva exponencial.

Por otra parte, el tiempo como se percibe, en una representación contra el tiempo real, quiero decir objetivo, ya que en realidad el tiempo real es nuestra relación con el entorno, se representaría como una curva logarítmica. Dicho en fácil, frente a una cantidad de tiempo objetivo, alcanzamos a hacer menos cosas.

Pero, ¿si el tiempo es solo una abstracción mental para entender nuestro entorno? ¿Si es solo una construcción abstracta para entender en forma lineal y secuencial la vida que se desarrolla simultáneamente en múltiples planos, lo cual supera nuestra capacidad de comprensión? Entonces, habría una relación entre cómo percibo el tiempo y cómo yo quiero percibirlo. En otras palabras, la capacidad de hacer cosas en un espacio-tiempo determinado, dependería de nuestra decisión de cómo queremos, en un acto absolutamente volitivo, que el tiempo se manifieste.

La verdad es que se le da vida propia y externa al tiempo, cuando el tiempo somos nosotros. Un minuto puede ser tan largo como nosotros queramos. El resto es justificación. Eso de “no me alcanza el tiempo”, de responsabilizar a un factor externo del hecho de no haber puesto nuestro empeño y esfuerzo en hacer algo, es comodísimo. No me hago cargo de mi propia desidia. Quizás esto sea el pecado capital de “La Pereza”. El no hacer, pudiendo hacer.

Alguien pudiera decir: “Los Humanos no somos eternos. Por más que haga y perciba el tiempo en forma expansiva, me voy a morir igual. No soy inmortal”.

Absolutamente cierto. Sin embargo, aunque es una aparente contradicción, no es tal. La vida se desarrolla en múltiples planos y bajo diferentes leyes de la Naturaleza. Una de ellas hace referencia a “los ciclos”. Donde miremos podemos observar el eterno ciclo de “nacimiento-desarrollo-muerte-nacimiento…”. En todo ámbito es observable. La diferencia está en “la frecuencia del ciclo”. Cuál es el proceso y en comparación con otro proceso si es más lento o más rápido. Desde nuestra perspectiva hay cosas eternas, porque no vemos cambios en ellas. Por ejemplo, las montañas (omitamos cuando ha habido terremotos). Parece que siempre han estado ahí y que permanecerán ahí por siempre. La verdad es que también están sujetas a los ciclos, lo que pasa es que en referencia a nuestro ciclo el proceso es muy lento. Aquí vuelve a aparecer el concepto de tiempo. Esto de rápido o lento siempre lo asociamos a tiempo. Sin embargo, todo depende de las circunstancias personales el que le demos una calificación u otra a alguna situación.

Con todo lo anterior, cada vez me convenzo más de que es nuestra voluntad el cómo percibimos el tiempo y me avergüenzo más, de usar la justificación “no me alcanza el tiempo”.

Lo más importante es tener conciencia de los ciclos. De que nuestra manifestación en este plano es finita y con el agregado que no sabemos hasta cuándo finita. Por eso siempre deberíamos no tener deudas, me refiero fundamentalmente a las emocionales (las otras las paga el seguro de desgravamen), de tal manera de que si en cualquier momento llegamos al fin de nuestro ciclo, no nos llevemos la mochila cargada para el próximo. Sería como empezar con puntos en contra.

Entonces en vez de justificarnos con eso de que “el tiempo no nos alcanza”, hagamos. ¿Hagamos qué? Todo. Todo mientras nos dé el ciclo. Si queremos visitar a alguien, no solo nos quedemos con la declaración de buenas intenciones. Hagámoslo. Quizás no hoy ni mañana, pero en un momento sí. Si queremos remodelar, hacer ejercicio, leer, dormir, lo que sea, podemos. Solo tenemos que oponernos a la comodidad de la justificación.

Así el tiempo no nos gobernará a nosotros como un tirano inexorable que nos limita, sino que nosotros nos convertiremos en los Señores del Tiempo.

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