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Ricardo Baeza, una opinión equilibrada




En esta ocasión me permito compartir el discurso de Ricardo Baeza Weinmann, Director Diplomado en Gestión Estratégica en Evaluación y Selección de Personas de la Universidad Adolfo Ibáñez, en la Ceremonia de Graduación de Programas de Especialidad. Yo estaba como asistente invitada ya que mi hija recibía su grado académico. Pero eso no es lo importante. Al escuchar las palabras del Sr. Baeza me sentí muy representada. Hoy, cuando la sociedad en general, cada vez más, se polariza, hasta el punto de dividir familias y amistades, encontré en este discurso una luz de esperanza. Hay todavía algunos que creemos que el diálogo es una herramienta poderosa, que no tomamos partido fanático por las ideas y que creemos firmemente que hay que construir en equipo, con nuestras similitudes y diferencias, donde cada individuo tiene un espacio valioso y debe ser respetado, así como él debe respetar a los demás.

"Hoy es un día especial, excepcional y significativo. Es especial, porque celebramos un rito de paso. Nos congregamos para celebrar el término de un ciclo dentro de su proceso formativo profesional, aquel que les confiere un reconocimiento social en la adquisición de competencias y que les faculta para poder ejercer funciones más relevantes en sus diferentes entornos laborales.

Pero esto también ocurre, hoy, en medio de un contexto excepcional. Hace rato sabemos que el mundo está siendo cada vez más volátil, incierto, complejo y ambiguo. Sin embargo, una cosa es entender esto a nivel conceptual y otra muy diferente vivenciarlo en lo cotidiano. Y hoy lo vemos claramente encarnado en la forma de un movimiento social concreto y real, como el que hemos estado experimentando desde hace ya unos 3 meses en nuestro país.

Se ha hablado de un estallido social, como una forma de caracterizar lo violento y súbito que todo esto ha sido. Sin embargo, el concepto de estallido también implica otras cosas. Un estallido o explosión no es más que una reacción química muy rápida en la que los mismos componentes se reordenan de una forma tal que ocupan un volumen mucho mayor que el de antes, lo que genera una gran expansión. Y lo que hoy tenemos como país es precisamente eso, una realidad social mucho más compleja y amplia, que ya no puede ser contenida por la misma estructura institucional que teníamos antes.

Hoy por hoy, ni la política, ni la economía, ni las leyes -y mucho menos las organizaciones-, son capaces de dar el ancho que satisfaga las nuevas demandas de una sociedad cada vez más empoderada y consciente. Y seguirán sin dar el ancho, mientras se decida continuar haciendo exactamente lo mismo que se ha hecho siempre. Eso ya no es suficiente, ni posible ni viable. No hacer cambios hoy ya no es una opción.

Y es precisamente en este contexto altamente demandante de cambios en el que más que nunca necesitamos asumir un rol mucho más activo. Y muy en especial quienes hoy estamos acá. Porque ya no basta con sumarnos a las explicaciones conceptuales de los fenómenos, o a las catarsis privadas o públicas o a la mera empatía con las manifestaciones de malestar social. Hoy, más que nunca, necesitamos involucrarnos en crear espacios de encuentro, diseñar mecanismos para el diálogo y la co-construcción de alternativas que nos permitan saltar de la mera catarsis y la queja, a la proposición de nuevas formas de encuentro, más respetuosas, más inclusivas y mucho más humanas. Es decir, nos urge poder establecer un tipo de proceso que facilite crear y dar paso a realidades institucionales diferentes, donde ya nadie se sienta menospreciado, violentado y, mucho menos, excluido.


Por eso es que hoy también es un día significativo, porque nos permite reencontrarnos nuevamente cara a cara y reconocer que no estamos solos en este empeño. Que ante todo formamos una comunidad de profesionales que nos anima la misma meta de humanización. Que el concepto de red, que en ciertos ámbitos ha permitido generar espacios viciosos para la colusión y el abuso de los privilegios, también puede operar como un contexto virtuoso para el apoyo mutuo y sostener así los necesarios esfuerzos de transformación de los espacios en nuestras múltiples esferas de influencia.

Quiero terminar haciendo mención al esfuerzo de muchos que han optado por sacar la voz y manifestarse, de las múltiples maneras que han sabido y podido hacerlo, con el fin de ayudar a despertar la conciencia de toda nuestra sociedad. Honrémoslos y, sintonizando no necesariamente con la forma, pero si con el espíritu que los moviliza, sumémonos también en nuestro propio ámbito de trabajo y saquemos la voz para llevar ese aire de cambio y humanización que tanto necesitamos en nuestras organizaciones.

Muchas gracias"


Realmente deseo que reflexiones como esta nos lleven a muchos a imponer la cordura dentro del caos actual y de la misma manera poder mejorar los sistemas para el beneficio y bienestar de cada uno de los miembros de esta sociedad.

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