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¿Confianza o inocencia?



Nuestras relaciones con otros para que existan deben poseer la característica de confianza mutua. Deben estar basadas en la honestidad de ambas partes, pero aunque parece simple, realmente es muy difícil de encontrar. En algunos casos se produce un acercamiento por el interés de una de las partes de obtener un beneficio del otro. Así tenemos el comienzo de relaciones comerciales, donde bajo una aparente amistad entre sus miembros, cada uno está pensando en qué dividendos obtendrá de este “prometedor socio”. Todos con una careta muy amable y demostrando todo aquello que puede ser atractivo al otro, incluso mintiendo, para llegar a convertirse en algo deseable al otro.

Este juego, es más perverso todavía, porque el que es objeto de la conquista, sabe las intenciones del otro, pero le sigue el juego, ya que también espera obtener algo a cambio.

Entonces, una amistad originada en estas circunstancias, en algún momento se rompe y “los amigos” terminan destruyéndose unos a otros sin piedad. Se dicen las cosas más viles y se sacan en cara cualquier manifestación de afecto que haya existido.

Esto en distinta medida se encuentra en diversos escenarios de nuestra vida. Peor aún, si además, en estas relaciones se han entremezclado sentimientos.

Quiero creer que entre el amor y la vileza prima el primero. En las relaciones de pareja los protagonistas creen que se enamoran y que han encontrado a la persona con la que compartirán el resto de su vida. Se hacen expectativas irreales a veces, dándose cuenta que no es lo que imaginaron y es acercamiento luego se transforma en aversión.

Por supuesto, también he sabido de casos en los que el comienzo de la relación viene con una doble intención, como asegurar el futuro económico, tener un hijo o alcanzar una posición social. Esto no es muy diferente a lo que mencioné anteriormente de las relaciones comerciales.

En el caso de los enamorados, la relación se basa en la confianza mutua, la cual también puede caer en la definición de inocencia, en el sentido de no ver los hechos objetivos y justificar cada acción para que esté dentro de los parámetros del ideal que se ha formado. Vemos lo que queremos ver y generamos un entorno favorable o desfavorable según nuestra propia interpretación de los hechos.

Entonces, ¿cómo es posible generar relaciones sin dobles intenciones ni imaginarias? Me temo que pasa solo por uno tener una postura honesta y ética, sin garantía de que el otro vaya a actuar igual. La única ventaja, es que, aunque llegue el momento de develar la realidad, uno no tiene deudas por la total honestidad con que se ha entregado.

El confiar en los otros, aunque en ocasiones se tenga que enfrentar la desilusión hacia esa persona o una traición, al final es menos dañino, que vivir en un permanente estado de desconfianza, no tener amigos y no experimentar el amor, porque todo ello termina por destruir al ser desde su interior.

Abril 2019

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