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Los regalos del cielo


Cada día estamos afectos a nuestro entorno. Con dulce y agraz. Tenemos de alegría y tristeza, así como una variedad de situaciones que componen nuestra vida diaria. Lo lamentable es que parece que siempre nos quedamos con aquello que no nos es favorable. Lo recordamos y recordamos y en el fondo disfrutamos de nuestra "mala suerte". "Perdonar a veces, pero olvidar nunca", parece ser la consigna. Llevamos cuenta de los malos momentos, de aquellos que, según nosotros, nos han perjudicado, las pérdidas económicas, los funerales y también del comentario malintencionado que alguien nos ha hecho.

Durante todo este tiempo, sin embargo, aquellos momentos placenteros parecen no ser importantes y finalmente con el paso del tiempo se van dejando olvidados en algún rincón de nuestra memoria.

La mayoría de las personas pasan su vida lamentándose de su suerte, siendo que en realidad la mala o buena suerte es solo una expresión. Todo lo que nos rodea es el resultado de nuestras acciones pasadas y presentes. No hay injusticias. Lo que pasa es que queremos ver solo una parte del escenario y no hacernos responsables por nosotros mismos. Pero aunque lo creamos o no, lo queramos o no, lo que nos rodea es el resultado de nuestras acciones, es más, de nuestros pensamientos. En la medida de que vamos construyendo nuestra vida nos iremos rodeando de las mismas cosas que nosotros aportamos al medio. Si hacemos que nuestras acciones sean el reflejo de buenos pensamientos, nuestro entorno será favorable a nuestros propósitos. Por el contrario, nuestras acciones que voluntariamente han perjudicado a otros, llevarán a que ese entorno se colme de situaciones desfavorables.

Los regalos del cielo, no son inmerecidos. Recibiremos lo que nos corresponde en la justa medida de lo que nosotros hayamos dado. En ocasiones recibimos invaluables manifestaciones que a nuestros ojos parecen insignificantes y las dejamos pasar.

Quizás alguien discrepe conmigo. Pero ¿siempre hemos valorado las muestras de cariño que otros nos dan? Ni siquiera me estoy refiriendo a la familia ni a los amigos más cercanos. Me refiero a esos desconocidos que a veces nos regalan una sonrisa. A alguna palabra de agradecimiento por algo que quizás parece ínfimo, el cariño inocente de los niños, un gesto de entrega inmerecida, un regalo inesperado, un abrazo, un gracias y hasta un "por favor". Todos estos pequeños gestos en la suma nos hacen seres afortunados.

En algún momento, yo me he sentido muy querida, recibiendo gestos de generosidad que hasta considero inmerecidos. Me faltarían las palabras para poder agradecer todo aquello. Solo como ejemplo he de mencionar desinteresada ayuda económica que he recibido sin solicitarla de quien menos he esperado. También he recibido el regalo de ser "adoptada" cual una hija en una familia llena de amor. El reconocimiento de los amigos de muchos años, cuando digo muchos, son muchos, desde la infancia algunos.

Luego me pregunto ¿lo merezco? No me cabe duda de que uno recibe lo que merece, pero sinceramente a veces me siento en deuda, por tantas muestras de afecto, gestos de cariño y reconocimientos al tratar de hacer las cosas de la mejor forma posible.

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