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Hubo una vez un planeta…

Actualizado: 25 jul 2018

Por Luciano Díaz.



Nuestro sistema solar es en verdad sorprendente. Mantiene, por ejemplo, en perfecto equilibrio esferas tan disímiles como lo son el paternal Júpiter y su séquito de satélites, con el leal Mercurio, casi capturado por el astro-rey; o como el hermano Saturno y sus bandas de anillos multicolores, con el díscolo Plutón lejano y ajeno.

En el centro del sistema, el Sol, una estrella que generosamente irradia luz, v ida y calor. El astro-rey como un padre complaciente observa la Kinesis de sus hijos, los planetas, les permite movimientos irregulares y hasta de aparente escape sin inmutarse. En algunos de ellos es un verdadero paraíso, aguas danzarinas, montañas y praderas permiten que una hirvisuta vegetación albergue seres vivos de diferente naturaleza, los que en artístico equilibrio conforman un todo harmónico, bello, perfecto. También en este ambiente propicio se ha desarrollado un ser inteligente, se autodenomina Homo Asteros.

… Entre Marte y Júpiter existía un planeta denominado Astero, estaba habitado por seres inteligentes, capaces de construir una civilización. Eran los asterotas generosos, activos y esforzados. Algunos de miraban al cielo, intentando explicarse los movimientos que realizaban los astros objeto de su observación. Trabajaban intensamente en la búsqueda de leyes que regían tales desplazamientos. Los asterotas comenzaron a llamar científicos a este grupo de buscadores, éstos como corolario de sus inquietudes se plantearon un objetivo: “encontrar las leyes que rigen el Universo”.

Los asterotas disfrutaban con incontenible entusiasmo los avances de la ciencia, ésta, en estado éxtasis por la confianza incondicional de la que era depositaria, les hizo un generoso adelanto: “La desintegración del átomo”. Ante semejante obsequio los asterotas arrobados y casi fuera de sí, se abocaron de inmediato a buscar la mejor utilización de este verdadero tesoro.

La desintegración del átomo o fusión nuclear, fenómeno que autorregulado rige la actividad de los millones de soles que pueblan la galaxia, ha permitido generar la vida. Este tesoro, que es la energía que hace brillar las estrellas, exige una especial atención en su manipulación. Los científicos constataron que realmente se habían precipitado en su entrega, pero prefirieron guardar un prudente silencio; “¡Para no alarmar a la población!”, según dijeron.

Fue penoso ver a los científicos dimensionar las consecuencias de una detonación no controlada, en particular las características de la explosión y la radioactividad generada. Más penoso aún fue cuando encontraron Technecium 99 como residuo en sus experimentos, ya que ésta es una sustancia soluble en agua, que permanece radioactiva por alrededor de dos millones de años. Liberarlo en el medioambiente conduciría inevitablemente a la destrucción progresiva de todo ser viviente, terminando por dejar a Astero inhabitable por miles de años debido a la radiación.



Mientras tanto, el éxito había coronado los esfuerzos de los asterotas, la técnica había logrado desarrollar el detonador térmico con el cual es posible provocar la fusión del átomo, lo que permitió a los asterotas convertir su bello planeta en el cinturón de asteroides que actualmente gira alrededor del Sol… entre Marte y Júpiter.


… Entre Marte y Venus existe un bello planeta llamado Tierra, está habitado por seres inteligentes, se autodenominan Homo Sapiens. Estos seres ya son capaces de desintegrar el átomo. Hace 40 años, la fuerza que da poder al Sol fue estrenada en sociedad a través de un rudimentario artefacto nuclear, que destruyó en un abrir y cerrar de ojos a cerca de 120 mil terrícolas, muchos de los cuales fueron convertidos en una mancha de aceite debido a la enorme temperatura generada.

Actualmente los terrícolas almacenan cerca de 20 trillones de kilogramos de dinamita fusionable, lista para ser usada, capaz de convertir en polvo su bello planeta.



… Entre Marte y Mercurio…

FIN

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